Como ya había “posteado” hace unos días, este fin de semana nos fuimos de “clubbing” a Izola para disfrutar de la sesión de Roger Sanchez en Ambasada Gavioli. Y la verdad, ha resultado ser decepcionante e interesante a partes iguales.

Pero vayamos por partes. Nuestro primer problema fue encontrar un sitio para pasar la noche. Fue un problema porque la pensión que teníamos en mente estaba completamente llena (a pesar de que por teléfono nos habían asegurado que no era necesario reservar). Después de recorrer unos cuantos sitios sin éxito, o por llenos o por caros o por cerrados, encontramos una pensión por un módico precio de 20 € por persona y noche. Tal y como pintaba la cosa: domir en el coche o volver a Ljubljana de madrugada no estaba del todo mal. Segundo problema: la cena. Para cuando encontramos alojamiento, ya eran mas de las diez y media de la noche. De noche y en invierno no es muy fácil encontrar algo abierto donde comprar algo de comer. Lo intentamos sin éxito en las gasolineras, en los restaurantes de carretera y en Portorož, y finalmente en Lucija nos topamos con un puestecillo de kebabs abierto.

Una vez saciado nuestro apetito nos preparamos para la fiesta. Como estábamos bastante lejos de la discoteca llamamos a un taxi que apareció casi instantaneamente. Perfecto, llamamos al taxi, llega en un minuto, parece que la noche se está empezando a arreglar. Pues no si el que conduce el taxi está completamente loco. El sujeto, bonito eufemismo, quería hacer su agosto llevando a cuanta más gente fuera posible hasta Izola. Y la mejor forma de llevar a mucha gente es consiguiendo que cada trayecto dure lo menos posible. Resumiendo, el tipo nos llevó desde la pensión en Lucija hasta la discoteca en Izola (lo que serán unos 12 – 15 kilómetros) en cinco minutos. Cinco minutos por carreteras estrechas y reviradas, a mas de 100 km/h con una furgoneta Mercedes. Creo que nunca lo había pasado tan mal en un coche. Cuando bajamos todavía me temblaban las piernas. Para más inri, nuestros compañeros de viaje (unos cuantos colgados que venían desde mas lejos con la furgoneta) no hacían otra cosa más que animar al anormal del taxista: “20 € por cada semáforo que te saltes”, “200 € si pones la furgoneta a 2 ruedas”, y demás payasadas.

Pasado el tembleque, pasada la cola para entrar y pasado el “trago” del guardarropa (digamos que no muy bien organizado), ya solo quedaba esperar a que empezase Roger. Su sesión empezó a las 3 de la mañana y a pesar de mi entusiasmo inicial, no tardamos mucho en aburrirnos. En parte por la música que estaba pinchando, en parte por la discoteca en sí (Ambasada es un tanto cutre) y sobre todo por el ambiente. Me habían avisado de que en este sitio la droga corría sin cesar, pero no me imaginaba yo tanto colgado junto. No resultaba peligroso, simplemente era cansino. Ver a casi todo el mundo con la cara desencajada acaba cansando. Como claro ejemplo pondré el baño de hombres: había más gente esperando para entrar en las cabinas a meterse que para mear. Sacamos algunas fotos, que ya he subido a un nuevo album de Picasa, y un par de vídeos. En Vimeo he puesto el que mejor se ve. Atención al colega que levanta los brazos en la parte baja del plano. El amigo iba con la cremallera bajada enseñando calzoncillo y el reguero de baba en la cara…no comments.

Lo dicho, a pesar de ser Roger, acabamos bastante aburridos y decidimos abandonar a eso de las 5 de la mañana.

El día siguiente nos trajo un sol maravilloso y lo mejor del fin de semana. Bajamos a Piran, desayunamos mirando al mar y dimos un paseo por este encantador pueblecillo. Las mejores fotos del fin de semana son sin duda del domingo en Piran. Están todas en Picasa. Definitivamente nos alegró la cara.

PD: Fuimos con dos compañeras de Špela, Sandra y Neža, que estudian Filología Hispánica. Todo el fin de semana hablando en español 😀

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